Quinta Semana - Cómo confrontar nuestro enemigo espiritual

CÓMO CONFRONTAR A NUESTRO ENEMIGO ESPIRITUAL

El mundo espiritual, en donde se mueven fuerzas espirituales, no es ni chistoso ni ficticio. Es real, aun es más real que el mundo material, porque existía antes que él. Uno de los seres que se mueve en este mundo es un ser creado por Dios, pero que se rebeló contra Él; estamos hablando de Satanás, también conocido como el adversario de nuestras almas. Su poder es limitado; sin embargo, si hay áreas que todavía no se han entregado a Jesús, él todavía las reclamará.

Debe saber que el diablo lo odia a usted, porque ya no es más de él. La Biblia dice que él vino para hurtar, matar y destruir (Juan 10:10). Usted está en su objetivo como también su familia. Ignorándolo no va a lograr nada; tampoco dándole mucha atención. La Palabra manda que no ignoremos sus maquinaciones; así que vamos a darle una serie de armas espirituales de las cuales usted puede revestirse para no salir herido en la batalla espiritual que se libra todos los días.

Busque en su Biblia Efesios 6:10-14; estos cuatro versículos son muy útiles para entender la batalla que se está llevando a cabo.

Una observación cuidadosa revelará cuatro mandamientos. Tome un lápiz y subráyelos.

Versículo 10: FORTALECEOS.

Versículo 11: VESTÍOS.

Versículo 13: TOMAD.

Versículo 14: ESTAD FIRMES.

Piense unos minutos en cada uno de estos mandatos antes de continuar con las estrategias que podemos usar contra los ataques demoníacos.

FORTALECEOS: Nuestra lucha es una guerra invisible, nuestra fortaleza no es externa. Esto se refiere a fortaleza interna, como concluye el versículo 10: “y en el poder de su fuerza”, refiriéndose al Señor Jesucristo. Tenemos que ser fuertes en Él. Descanse en Él, por fe. Vaya a Él en oración. Camine con Él en confianza… extrayendo su poder. Lea Colosenses 2:13-15. Cuando Cristo murió en la cruz, Él “despojó” a todos los poderes de las tinieblas, “triunfando sobre ellos”. Así que Él es campeón. Cuando se vuelva a Él pidiendo fortaleza, usted estará volviendo al Único que tiene autoridad soberana sobre ellos. La ganó en la cruz. Fortalézcase en la fortaleza de ese Campeón.

VESTÍOS: ¿Vestirse de qué? Efesios 6:11 lo dice claro. Tenemos que ponernos “toda la armadura de Dios” para estar firmes contra las acechanzas del enemigo. Las tropas que pelean bien están bien equipadas. Armas inferiores y equipo pobre traen derrota. Cada pieza de la armadura se explica en Efesios 6:14-17 y cada una es extremadamente importante. La armadura sirve para protegerle y darle confianza en la batalla. No puede ver a su enemigo, pero él si puede verlo a usted, así que es de vital importancia que se calce cada parte de la armadura espiritual.

Así como usted se viste cada día y no se le ocurriría irse desnudo a trabajar, de la misma manera no puede salir desnudo a la lucha espiritual; tiene que armarse, vestirse, para ser victorioso en la lucha diaria.

TOMAD: Está allí, disponible y esperando que la reclame. Toda la provisión es suya, hecha a la medida para su personalidad, sus circunstancias y sus necesidades. Alcáncela, por fe y mentalmente “tome” la armadura de Dios. Luego aprenderemos a usarla; pero primero tómela, vístase de toda la armadura.

ESTAD FIRMES: Esto es tan importante que estas palabras aparecen tres veces en diferentes lugares (Efesios 6:11, 13, 14). Estas son palabras de confianza y seguridad. Nos dicen que no tenemos nada de que temer. Nada. Después de todo, el que toma el lugar nuestro en la pelea es el Ganador. Y el enemigo ya está derrotado – sucedió en la cruz - ; por supuesto, él no quiere que usted sepa esto, lo cual explica por qué su estrategia favorita es el engaño. Recuerde siempre esto: el diablo ya fue y permanecerá derrotado. Jesús ya ganó, y usted está del lado del Victorioso Campeón de todos los tiempos; párese firme en esta declaración. El diablo es la victima, no usted, porque usted es victorioso; recuerde lo que dice Lucas 10:19: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”. Esta es una promesa personal de Jesús para usted, crea en ella, tómela para usted y vívala. Esté firme.

Resistencia al enemigo: ¿Para qué nos vestimos de la armadura, y para qué estamos firmes en Cristo? Versículo 13: “para que podáis resistir en el día malo”. Tales días vendrán. Muchos han sido obstaculizados y atados por el enemigo. Ya sea en contra de sí mismos o de alguien más, o de ambos. Otros han sufrido de opresiones demoníacas; el diablo es un enemigo derrotado pero no se rinde sin luchar. El quiere frustrarlo en su vida cristiana, quiere hacer de usted un religioso sin fuerza y sin vida espiritual dinámica. El opera a través de su mente. Quiere que el propósito de Dios se frustre en usted, y que su vida carezca de frutos a los cuales usted está llamado a producir. Santiago 4:7 dice: “Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros”

Sugerencias para resistir al diablo:

1. Verbalmente declare su fe en el Señor Jesucristo. Use su nombre completo al hacerlo. Abiertamente reconozca que Él es su Maestro, su Señor y el único que ha conquistado todos los demás poderes en la cruz.

2. Rechace toda lealtad al diablo, a su ejército demoníaco y lo oculto. Haz esto fuerte y firmemente. Otra vez expréselo en voz alta. Diga: “Renuncio a ti y a todas tus obras, no tiene arte ni parte ni parte en mi vida, pertenezco a Jesús, estoy bañado por su sangre preciosa, estoy en la potestad de la Luz donde Cristo reina”.

3. Reclame toda la armadura de Dios, basado en Efesios 6:1-17 como su pasaje de protección completa. Lea el pasaje oralmente con énfasis. Diga: “Tomo el yelmo de la salvación, me pongo la coraza de justicia, me revisto del cinturón de la verdad, me coloco el calzado del evangelio, tomo el escudo de la fe y la espada del Espíritu, su Palabra, la declaro por fe para mi vida”.

4. Por último, declare firmemente su resistencia a las influencias demoníacas: “Fuera de mi vida y de mi familia, las desalojo en el Nombre de Jesús”.

Pronuncie esta oración:

Ahora renuncio a toda lealtad que le haya dado a Satanás y a su ejército de espíritus malignos. Rehúso ser influenciado e intimidado por ellos. Rechazo todos sus ataques sobre mi cuerpo, mi espíritu, mi alma y mi mente. Reclamo la Sangre derramada del Señor Jesucristo sobre mí, creo que ella fluye fresca sobre todo mi ser, me limpia y me protege de todo mal. Resisto toda influencia satánica en el nombre de Jesús y hoy me levanto en fe, conforme a lo que ya Jesucristo hizo en la cruz del Calvario.

¿Cuál es el arsenal del cual disponemos?

Ya hablamos de la armadura de la cual el cristiano tiene que revestirse, pero ahora queremos dar otro tipo de armas que nos ayudarán mucho en la batalla espiritual.

Mencionaremos aquí algunas de ellas:

1. El Nombre de Jesús: Es un nombre sobre todo nombre, es el nombre que tiene poder en la tierra, en el cielo y en el infierno. Al ser usted el templo de su Espíritu, el mismo Espíritu Santo mora en usted, el cual le permite tomar Su nombre y usarlo como si Él mismo estuviera aquí (Juan 14:13-14; Filipenses 2:9-10; Marcos 16:17-18). En el Nombre de Jesús hay autoridad sobre demonios, enfermedades, sobre todo poder, potestad y principado, sobre todas las cosas visibles e invisibles. Hechos 4:12 dice: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. La palabra salvación (“soteria” en griego) denota liberación espiritual, preservación, liberación material, liberación emocional. Se traduce también libertad, salud (Juan 16:23-24; Hechos 3:16; 4:7; 4:29-31; 16:16-18; 1º Corintios 1:1-3). Al usar el nombre de Jesús en la batalla tiene que saber que Dios le ha dado autoridad sobre todo otro nombre. El nombre de Jesús nos abre las puertas del ámbito espiritual. Cuando oramos y usamos el nombre de Jesús, de acuerdo con las Escrituras, de acuerdo con la voluntad de Dios, con inteligencia y sabiduría, es como si Jesucristo mismo estuviera orando.

Dios respalda el nombre de Jesús con integridad y con su omnipotencia. Todo esto está a disposición del que invoque el nombre del Señor. Satanás no se atreve a enfrentar al soldado que está vestido con la justicia de Dios y que conoce, reconoce y usa el poder de ese grandioso Nombre. Todo debe doblarse ante el Nombre de Jesús; por lo tanto, use el nombre de Jesús durante su tiempo de guerra espiritual, pues Dios reconoce ese nombre, y de igual manera el diablo y sus huestes. Haga que el enemigo huya aterrorizado, declarando el Nombre de nuestro Señor Jesús.

2. La sangre de Jesús: El cubrir una vida con la sangre de Jesús es para su protección y, de esa manera, recordamos al enemigo cuáles son sus límites (Éxodo 12:22-23). A este principio lo vemos ilustrado en el pasaje anterior como la sangre del Cordero que era derramada sobre los dinteles de las puertas de los hogares de los israelitas, queriendo significar que el ángel de la muerte no podía tocar a nadie en aquel hogar. La sangre de Jesús le garantiza paz y victoria duraderas.

Lo que la sangre de Jesús hace por nosotros:

· Nos da salvación: Nos permite entrar en su reino y nos libra de la condenación eterna (Juan 3:3,17; Marcos 16:16).

· Nos redime: Nos rescata, nos saca de nuestra vieja vida, nos libera. Nuestra vida ha sido comprada, su precio ha sido pagado por completo, recatándonos de los poderes del pecado y la muerte (Salmo 107:2; Efesios 1:7; Apocalipsis 5:9; Hebreos 9:12).

· Nos justifica: Nos absuelve de nuestra culpa y pecado; nos declara inocentes y sin mancha delante del Padre Celestial (Romanos 5:9; Hechos 13:38-39).

· Nos santifica: Desde el día de nuestra salvación, fuimos apartados para el Señor por medio de la Sangre de Jesús (1º Corintios 1:30; Hebreos 10:12-14).

· Nos da poder para vencer: Recibiendo la autoridad y el poder que nos fueron delegados (Lucas 10:19; Apocalipsis 12:11).

· Nos perdona los pecados: Colosenses 1:14; 1º Juan 1:9.

· Nos libera de los poderes de las tinieblas: 2º Corintios 2:14; Colosenses 1:3.

· Nos limpia de todo pecado: 1º Juan 1:7.

3. La Palabra de Dios: Cuando Jesús se enfrentó al diablo en el desierto mostró un conocimiento profundo de la Palabra de su Padre. En Mateo 4:4 Jesús dice: “Escrito está”, las veces que el tentador vino a Él, lo confrontó con su Palabra. Esta es un arma muy poderosa que los cristianos a veces no usamos; sin embargo, Jesús la usó en su ministerio terrenal. Hay versículos claves de la Palabra que deberíamos aprender de memoria y que harían que el diablo salga huyendo despavorido. Tome tiempo para memorizar las Escrituras, declárelas en alta voz. El salmista manifestó: “Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón”. Una heredad es una herencia que le ha sido dada. Tome la Palabra de Dios, será muy útil para la lucha espiritual.

4. La alabanza y la adoración: Son un arma muy poderosa en nuestra vida diaria. Primeramente debemos aclarar que alabamos a Dios por sus obras y lo adoramos por quien es Él, por su carácter, su gloria. Puede decirse que alabar es dar honra, dar gloria, magnificar. Adorar hace alusión a los conceptos de homenajes, reverencia y veneración. La adoración es el reconocimiento de Dios, su naturaleza, sus atributos, y no solamente se refiere a cantar o dar gracias, sino que también adoramos a Dios con acciones de reconocimiento. No espere ganar la victoria para comenzar a alabar, pues el hacerlo, prepara el camino para la victoria (Hechos 16:23-26; Apocalipsis 19:5; Salmo 71:8; 150:6).

5. La humildad: Si hay algo que toca el corazón de Dios es que sus hijos se humillen profundamente delante de Él. Vea lo que dice Santiago 4:10: “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”. En la batalla espiritual tenemos que usar esta arma diariamente, ya que nos enfrentamos a un enemigo espiritual que cayó por el orgullo; así que reconozcamos que en la lucha no podemos solos, sino que desesperadamente necesitamos a Dios en la batalla, a favor nuestro (1º Pedro 5:6). Dependa de Dios, encomiéndese a Él diariamente, dígale “te necesito hoy, no puedo sin ti, ayúdame, me pongo en tus manos”. En una palabra, humildad es dependencia absoluta de Dios.

6. La oración: Jesús habló de la oración cuando estuvo en la tierra, pero sobre todo fue un hombre de oración, reconoció que sin Dios Él no podía. Haga planes para incrementar la oración en su vida, separe tiempo para orar, comuníquese con Dios. La oración es responsabilidad de todo cristiano. Debemos obedecer la Palabra de Dios. El verdadero propósito de la oración es determinar la voluntad de Dios en cuanto a algo y orar acerca de ello hasta que se realice. Más cosas son forjadas por medio de la oración de lo que este mundo puede soñar (1º Timoteo 2:1-2; 1º Samuel 12:23; Efesios 6:18; Mateo 26:41; 1º Tesalonicenses 5:17).

Quizás todavía usted no haya comprendido el poder que se desata cuando ora a favor de otras personas; es Dios moviendo sus recursos, mediante la oración que usted está realizando. Alguien dijo que Dios no hace nada si usted no ora primero. La oración entra en el terreno de la acción. No permita que el diablo lo aleje de la oración, rechace el sentimiento de indignidad y de culpa, póngase a orar, y verá cambios dramáticos en su vida y en las que lo rodean.

El poder de una confesión positiva: Con cuanta frecuencia hemos hecho o dicho algo negativo en algún momento, para después lamentarnos inmensamente de lo que hemos hecho. La mayoría de la gente no comprende la fuerza espiritual creadora que obra en las palabras que dice. Cuando Dios creó el mundo, todo lo que hizo fue hablar y el mundo fue formado. Él nos dice que este mismo poder creador sobrenatural se encuentran en las palabras que pronunciamos. Lea Proverbios 18:21 “La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá sus frutos” (Proverbios 6:2; 13:3; Salmo 39:1; 19:14).

Santiago 1:5 dice que nuestra lengua es un miembro muy pequeño, pero es el que dirige el sendero de nuestra vida. Sus palabras tienen poder espiritual. Hay vida y muerte en nuestra lengua. Nuestras palabras son evidencia de nuestra fe. Por eso la Biblia nos exhorta a guardar nuestra boca. ¿Están de acuerdo las palabras que usted pronuncia con las cosas buenas que Dios tiene planificadas para su vida? Nuestras palabras dan evidencia de nuestra fe, y deben reflejar los buenos propósitos que Dios tiene con respecto a nosotros. Alguien dijo que la Palabra escrita tiene valor, pero la Palabra de Dios en su boca y su corazón es la que tiene poder. Usted tiene que decir lo que Dios dice en su Palabra. Hebreos 3:1 dice que Jesús es el sumo sacerdote de nuestra profesión (confesión); la palabra griega para confesión es “homología”, lo cual significa decir lo mismo que Dios dice; es decir, ponernos de acuerdo con Dios. Así que diga en voz alta las promesas de Dios. No basta con pensarlas, pronúncielas en voz alta para oírlas usted, para que las oiga el diablo y para que las oiga Dios. Sus palabras sellan su fe.

Caminamos en victoria cuando vivimos cada uno de estos principios; es decir, cuando los ponemos en práctica.

Tarea:

Continúe con el libro de Hechos de los Apóstoles a partir del capítulo en donde quedó. Memorice: Lucas 10:19; Apocalipsis 12:11

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